domingo, 9 de agosto de 2015

Entender las rabietas y pataletas.

 

Rabietas y pataletas: ¿que son y por qué hay niños que tienen tantas?

Rabietas y pataletas en los niños.

Son muchos los padres que tienen quejas comunes como por ejemplo: “Mi hijo no me hace caso” “mi hijo no se deja vestir” “No quiere irse a dormir” “Mi niño se enfurece cuando le decimos que no” “Mi hijo hace muchos pataletas” “Tiene rabietas constantemente” “Mi hijo no acepta límites” y así una gran cantidad más.
No obstante, y aunque resulte extraño, Los padres deben entender las Rabietas y pataletas, la rebeldía, la desobediencia y el negativismo como signos positivos y expresivos de una personalidad que se encuentra en formación.
Por lo general, esta etapa del desarrollo aparece más o menos hacia los 2 años, debe saber que si un niño de esta edad no da ninguna señal de barrera, es decir, que entrega sus juguetes con facilidad, no se ofende por nada, no hace ningún reproche ni se defiende cuando le quitan o le niegan algo; entonces hay razones suficientes para preocuparse.
¿Por qué? Si un niño no muestra signos de oposición es posible que tenga miedo a exponerse. Puede estar sintiendo que no debe expresar sus deseos, o bien, no sabe lo que desea o simplemente ya no desea.
rabietas y pataletas

¿Qué hacer ante las Rabietas y pataletas de los niños?

1. Ignorar: Ignorar al pequeño en el momento de las Rabietas y pataletas puede dar buenos resultados ya que el niño sabe que si no tiene público que le observe, su efecto es nulo. Entonces, por ejemplo, si le da una rabieta mientras se está en casa, el adulto debería salir de la habitación, pero antes debe decirle que esa actitud es inadecuada y que podrán volver a hablar cuando cambie de actitud. Si se está en un espacio público, se puede dar la espalda al pequeño para que se dé cuenta de que no consigue nada con la rabieta.
2. El poder de las palabras: Intentar hablar con un niño en el momento que está teniendo un berrinche es algo imposible, con seguridad no pondrá atención, pero una vez que esta situación sea superada, se debe hablar con el pequeño sobre lo que pasó y dejarle claro que todo puede ser solucionado hablando, sin necesidad de una pataleta. En caso de que en la próxima situación el niño opte por hablar en lugar de hacer un berrinche es muy importante felicitarlo por eso.
3. Es mejor prevenir: Si ya se sabe que ante una orden o negativa específica el niño reaccionara con un berrinche o una rabieta, se aconseja anticiparse e intentar razonar con ellos antes. Entonces, por ejemplo, si se va a entrar a un lugar donde venden juguetes, antes de hacerlo decirle que solo puede escoger uno y que si hace alguna rabieta saldrá de la tienda con las manos vacías.
4. Los padres deben tener claro que ante una rabieta, ambos deben reaccionar de la misma manera, ninguno de los dos debe ceder pues de esta manera se desautoriza al otro y la estrategia no funcionara.
5. Es importante mantener la calma y no enfadarse y gritar, de esa forma, solo se conseguirá que el niño vea que los padres emulan su actitud.

¿Por qué se producen?. rabietas en niños

Son simplemente una manera de liberar rabia y frustración a una edad en la que el niño todavía no es capaz de controlar bien sus propias emociones, y en la que se enfrenta a grandes cambios.
Hasta ahora, siendo un bebé, todos o casi todos sus deseos se satisfacían al momento. Pero esto cambia a medida que empieza a desplazarse por sí mismo y adquiere más autonomía. A lo largo del segundo año se va encontrando con algunas prohibiciones, algo que le frustra mucho, y más a una edad en la que quiere explorarlo todo.
Y a la frustración, que no le gusta en absoluto, se unen sentimientos típicos de esta época, como la obstinación, la impaciencia y la rigidez.
También le confunde el nuevo concepto de mamá: de ser una persona que le concedía casi todo, ha pasado a convertirse en alguien que le prohíbe cosas.
Pero hay más: pasado el primer año, tu hijo está descubriendo su ‘yo’; vive una sensación de poder al ser capaz de hacer cosas por sí solo... ¡y esto le encanta!
Un hito positivo
El niño reacciona ante cualquier sentimiento con el lenguaje corporal; cuando está feliz, da saltos de alegría o corre por el salón; cuando está frustrado, grita, muerde o pega. En realidad éste es un hito en su desarrollo: va expresando y conociendo cada vez más emociones y da a entender qué le gusta y qué no, al tiempo que empieza a comprender mejor la diferencia entre el “yo” y el “otro”.
Por eso tu hijo suele tener rabietas con vosotros, en casa, y pocas veces en la guardería o en el colegio. Es sobre todo en la relación con las personas que son importantes para él como va entendiendo el ‘yo’. Sólo dentro del vínculo seguro con sus papás se atreve a experimentar con sus sentimientos.
Por ello las rabietas y sus expresiones emocionales son prueba de que hay un apego positivo. Desde el punto de vista psicológico, indican que existe un desarrollo emocional sano.
Por otro lado, igual que hay llantos que delatan tristeza (cuando el niño se cae, cuando tiene miedo), hay otros que demuestran enfado. Los de la rabieta pertenecen a la última categoría. Pero uno no es más criticable que otro y ambos requieren una actitud similar: afecto y aceptación.
En definitiva, las rabietas tienen diversos aspectos positivos para el niño. En realidad, solamente son negativas cuando van acompañadas por actitudes destructivas o cuando los padres ceden ante ellas y el pequeño aprende que puede utilizarlas como un arma para conseguir lo que desee.
Para ayudarle ante las pataletas.
Para evitar que el niño utilice las pataletas para conseguir lo que desee y lograr que poco a poco vayan desapareciendo, puedes aplicar varias tácticas que contribuirán a prevenirlas y enseñarán a tu hijo a sentirse más seguro de sí mismo y a expresar mejor lo que siente:
  • Ofrécele oportunidades de ser autónomo y decidir por sí mismo. Un ambiente restrictivo aumenta las rabietas, mientras que otro flexible las disminuye. En algunos asuntos debes ser inamovible (“es hora de dormir”, “no puedes tomar caramelos antes de comer”), pero en otros es adecuado que le dejes a él decidir o elegir entre dos opciones (“¿quieres el jersey rojo o el azul?”). Un buen truco es ser creativa (“cariño, ahora no voy a darte ningún caramelo, pero podemos dejarlos para después del postre”).
  • Sustituye el “¡no!” por “¡para!”. Al niño le frustra escuchar constantemente mensajes de prohibición: van en contra de su afán de ser autónomo.
  • No pierdas los estribos delante de él. Tu hijo aprende de ti y si tienes arrebatos de rabia, difícilmente aprenderá a controlarse.
  • Evita, en la medida de lo posible, las situaciones que provoquen las rabietas, como llevarle de compras cuando tiene hambre, sueño o necesidad de moverse. Además, ten en cuenta que hay momentos en el día más propicios a que aparezcan, como la última hora de la tarde. El cambio de ciertas rutinas, adelantando la hora del baño, de la cena o del sueño, puede ayudar a disminuirlas. Por último, la sobreestimulación (llevar al niño de un sitio a otro, tener un día lleno de actividades) puede provocarle rabietas, ya que no es capaz de asimilar tal avalancha de impresiones.
  • No le critiques ni castigues después de una rabieta. Frases como “¡Qué malo eres!” le harán perder el respeto por sí mismo. Recuerda que son una descarga de emociones a una edad en la que tu hijo aún no dispone de otros medios para desahogarse, y que para él son también una experiencia dolorosa. Acaríciale o abrázale cuando esté calmado.



Tranquilos que pasarán.
La frecuencia de las rabietas varía de un niño a otro. Según estudios, un 20% de los pequeños de 2 a 3 años las tienen diariamente y un 80% una vez por semana. En la mayoría duran de 5 a 15 minutos; en algunos, de media a una hora. En ello influye el carácter, la educación y el entorno: situaciones de estrés, como el inicio de la guardería o del cole, pueden intensificarlas. También es posible que sólo se deban a una etapa normal en su desarrollo. Así, la adquisición de nuevas habilidades va precedida muchas veces de un periodo de ataques de rabia.
De cualquier modo, no te agobies. A medida que tu hijo madure, las rabietas irán disminuyendo, ya que cada vez estará mejor capacitado para expresar con palabras lo que quiere y para posponer sus deseos. A los 5 años la mayoría de los niños sólo tienen una en contadas ocasiones. Sólo si os condicionan el día a día y no os sentís con fuerzas para afrontarlas, os convendrá buscar ayuda profesional.

Las fases de una rabieta y qué opinamos sobre ellas

Hay señales que anuncian que se va a producir una rabieta: una respiración acelerada y ruidosa, balanceos, apretar puños y dientes...
rabietas en niños
El comienzo de su enfado.
Comienza el llanto, acompañado de una señal de protesta (No) y una expresión de enfado. Intervenir en este momento puede evitar que se produzca la rabieta. En un niño pequeño (entre 1 y 2 años) suele funcionar el truco de desviar la atención con otra cosa.
En el caso de un niño mayor lo recomendable es salir con él del lugar u ofrecerle ayuda si el detonante de la situación es una incapacidad suya (para vestirse, hacer una torre...).
El punto álgido del berriche.
Si no se ha logrado evitar, llega esta fase de la rabieta. Ahora lo mejor es no razonar con el niño. Deja que se desahogue, evitando que se haga daño (si se da cabezazos, pon un cojín en medio). Sólo debes actuar si la liberación de emociones va acompañada de un acto violento como tirar cosas, pegar... En este caso, retenle sujetándole por las muñecas o por el cinturón o abrazándole con tacto firme.
No cedas a sus deseos, ni siquiera si contiene la respiración y pierde unos segundos la consciencia (volverá en sí en pocos minutos).
El final de la pataleta.
Tras la rabieta, el niño suele calmarse por sí solo y se queda relajado gracias a la descarga fisiológica. Dile algo como “estabas muy enfadado ¿verdad?”. Actuando como si fueras el espejo de sus emociones le ayudarás a entenderse a sí mismo.

¿QUÉ OPINAMOS SOBRE LAS RABIETAS?


"Si se permite al niño tener pataletas, cada vez las tendrá con más frecuencia",
FALSO. Los niños no tienen más rabietas de lo necesario, salvo si aprenden que con ellas se salen con la suya.
"Estos berrinches suelen producirse por nimiedades, por cosas sin importancia".
VERDADERO. Muchas veces se dan por cosas insignificantes que sirven para sacar a flote penas acumuladas. La nimiedad es sólo el factor desencadenante.
"Las rabietas son señal de un niño mimado".
FALSO. Son una forma de liberar el estrés acumulado y no deben considerarse malas conductas.
"En realidad son una manipulación por parte del niño para salirse con la suya".
FALSO. Las rabietas son una expresión de frustración y revelan la incapacidad de controlar las emociones, por ello no hay que reprimirlas. Sólo en el caso de que los padres cedan se convertirán en una herramienta de manipulación por parte del niño.
"Los niños con mucho genio y enérgicos son más propensos a tener rabietas".
VERDADERO. Estos niños hacen todo con mayor vehemencia que otros pequeños que tienen un carácter más suave y plácido. Por este motivo, sus reacciones son más fuertes.
Coks Feenstra, psicóloga infantil y educa peques.

sábado, 8 de agosto de 2015

APRENDER A PEDIR PERDÓN Y LAS CONSECUENCIAS DE SUS ACTOS.




LOS NIÑOS SE CONVIERTEN EN PERSONAS RESPONSABLES DE SUS 

ACCIONES CUANDO APRENDEN A PEDIR PERDÓN.














Mientras que un adulto sabe reconocer cuando se ha equivocado aunque le cueste un poco pedir disculpas. A un niño le resulta más difícil darse cuenta de las consecuencias de sus acciones. Para su propio desarrollo personal, el niño debe aprender a pedir perdón cuando se equivoca y la mejor manera es con nuestro ejemplo.
Los niños que aprendan a ser personas responsables de sus acciones y a tener empatía con los sentimientos de los demás, serán adultos responsables de sus actos. La dificultad de pedir disculpas disminuye cuando lo ponemos en práctica y sentimos la satisfacción de saber reconocer nuestros errores, cuando observamos el resultado beneficioso en los demás y en nosotros mismos.
Saber gestionar nuestros enfados para no perder el control de nuestras acciones y evitar así herir a los demás, así como saber cuando ofendemos a los otros, si se aprende desde la infancia, nos será más fácil reconocer nuestras equivocaciones y saber pedir disculpas.

¿Cómo enseñar a pedir perdón?
No se enseña a pedir disculpas presionando al niño cuando hace algo mal cuando alomejor ni siquiera entiende lo que ha hecho incorrectamente, sino enseñándole a reflexionar sobre las consecuencias de sus acciones en el mismo lugar donde han ocurrido los hechos, para que pueda identificar lo ocurrido. Tenemos que ayudarles dándoles la oportunidad de explorarse a sí mismos y de enfrentarse con la situación y la realidad de sus actos, sólo así podrán aprender por un lado a reaccionar con calma, y por otro a reconocer sus errores y enmendarlos.
En el proceso de aprendizaje se debe tener en cuenta:
Es a partir de los seis o siete años cuando los pequeños son capaces de empezar a darse cuenta de las consecuencias de sus actos sobre los demás. Esto no quita que a los que son más pequeños les intentemos hacer ver cómo se sienten los otros niños cuando ellos les hieren, pues van aprendiendo que hay acciones que no están bien y afectan a los demás. Si el pedir perdón puede venir acompañado de un gesto de afecto mucho mejor. Es mejor no presionar al niño a pedir disculpas si vemos que le cuesta en ese momento, pero sí debemos hacer que sus malas acciones tengan consecuencias para él por su mal comportamiento, para que pueda entender los sentimientos de los afectados por sus actos.
Si los padres aprendemos a controlar nuestros enfados cuando pudieran ser consecuencia de una situación de estado de nervios, apartándonos de la situación que nos lo provoca evitaremos hacer y decir cosas de las que nos arrepentiremos. Esto será un buen aprendizaje para los niños y también el hecho de pedirles a ellos disculpas cuando hacemos algo mal. El ejemplo es la mejor manera de que asimilen la enseñanza.
En cuanto a la aceptación de la parte afectada de las disculpas.
Una cosa es aceptar las disculpas, y otra estabilizar los sentimientos para que las cosas vuelvan a ser como antes, todo dependerá del alcance de los hechos, de la edad de los peques, e incluso del tiempo, que a veces lo cura todo.
Lo que sí que es seguro es que pedir perdón es actuar correctamente, y nos ayuda a entendernos mejor con las otras personas.

miércoles, 19 de marzo de 2014

LA EDUCACIÓN DE MÁS DE UN HIJO.


¿ES MÁS FÁCIL EDUCAR A DOS O MÁS HIJOS QUE A UNO SOLO?
Muchas veces he tenido que salir a hacer la compra con todos mis hijos porque todavía son pequeños para quedarse en casa y, más de una vez al ver que me seguían obedientes como los pollitos a su mamá gallina, me han preguntado: "¿Cómo puede usted salir y apañarse tan bien con varios niños, cuando yo con uno casi no puedo?". Quizás es un bonito cumplido, pero seguramente también haya algo de verdad.
¿Son "las tablas" que los papás van adquiriendo con la experiencia, es el modelo que el más revoltoso suele copiar del más tranquilo, o se trata de que los niños que forman grupo bien organizado son más fáciles de manejar porque solicitan menos atención exclusiva de sus padres y se sienten acompañados?
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Más de una vez, he preguntado a las profesoras de mis pequeños sobre el comportamiento de los niños en clase, ya que a ciertas edades ha sido frecuente que en casa anden algo alborotados o exigentes. Casi todas ellas, coinciden en que los niños en el colegio no se comportan de la misma manera que en casa, son más fáciles de llevar, responden estupendamente a la disciplina y ritmos marcados en clase (cuando están bien capitaneados). El niño sabe muy bien que en el colegio no se puede demandar la misma atención y mimo que a los papás en casa. Ese mismo niño que en grupo, se porta estupendamente y obedece sin rechistar, en casa y solo, puede ser un auténtico torbellino, ávido de llamar nuestra atención. Los niños son muy listos y aprenden a adaptarse a las distintas situaciones, el niño que habita en un hogar con más hermanos, aprende (a veces, con lágrimas) a compartir los juguetes, el espacio y la atención de papá y mamá. Asimismo, en las familias con varios hijos, los mayores pueden servir de ayuda en el cuidado de los pequeños y son el modelo en los que los pequeños se fijan; se les suele otorgar más autonomía y se suele fomentar más sus independencia que al hijo único; y requieren menos nuestra atención porque tienen uno o varios compañeros de juego siempre a mano. Cuando eres madre de familia numerosa sabes que el tiempo se administra de otra manera y que, el trabajo en casa, aunque sin duda aumenta, no lo hace de manera exponencial, sino gradual. Si educar a varios hijos puede resultar más fácil es porque ellos se sienten integrantes de un grupo en el que compartir, más que en el exigir y a que los hijos más pequeños (normalmente más revoltosos) sólo han de seguir el carro que hemos tenido que poner a rodar con nuestro primer hijo.

Patro Gabaldón. Redactora de GuiaInfantil.com

sábado, 15 de marzo de 2014

APRENDER UN SEGUNDO IDIOMA A EDAD TEMPRANA.

Aprender inglés y empezar desde bebé.
El bebé puede aprender un segundo idioma desde los 4 meses.
Hoy en día, existen varios métodos para enseñar inglés a los niños desde edades tempranas, pero es muy importante saber desde cuando se pueden introducir otros idiomas distintos al materno en el desarrollo intelectual de los niños.
Lo ideal es que tu bebé pueda adquirir naturalmente y sin esfuerzo las estructuras del idioma inglés y su correcta pronunciación tal como si fuera un anglohablante nativo.
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Inglés a edades tempranas. ¿Por qué no empezar desde bebés?.

Hasta los tres años y medio en compañía de un adulto de confianza.

Tu bebé tiene la capacidad de aprender inglés, natural y espontáneamente desde los cuatro meses. Los padres no tienen por qué dominar la lengua para poder enseñar a sus hijos, lo importante es buscar las herramientas adecuadas para favorecer el aprendizaje y tener ganas y motivación para que los pequeños estén expuestos al idioma todos los días para que se vayan asentando buenas bases. Los niños son como esponjas por su enorme capacidad para absorber conocimientos nuevos y toda la información que les facilitemos será buena para su futuro aprendizaje.

María Algueró.

EDUCAR EN VALORES


EDUCAR EN VALORES.

Los valores son fundamentales en el ser humano. Las personas necesitamos los valores para guiar nuestro comportamiento. En la sociedad actual es imprescindible una educación en valores. Los niños y niñas tienen muchas influencias, información y ejemplos sin tener en la mayoría de los casos una capacidad de reflexión crítica que les permita interpretar adecuadamente toda la información que reciben.

Como padres y educadores es nuestra labor guiar a los pequeños para que creen e interioricen unos valores. Hay temas imprescindibles en la educación que no se deben olvidar: educar para la paz, convivencia, comunicación, medio ambiente, salud, prevención de la violencia, igualdad, moral, honestidad, creatividad, sinceridad, esfuerzo, etc.

¿Cómo se aprenden los valores?

Los valores se interiorizan y acaban formando parte de la persona, guiando su forma de ser y de actuar. Para el aprendizaje de los valores es necesaria la vivencia efectiva de los mismos. En este sentido la labor de las familias es fundamental, los valores que vean en casa serán los que interioricen los pequeños. Debemos prestar atención al sistema de valores que les estamos transmitiendo a nuestros hijos, ya que de este sistema dependerá en gran parte su conducta futura y su camino en la vida. La pérdida de valores en las personas trae importantes consecuencias negativas en sus vidas.

Los beneficios que aporta a los niños y niñas la educación en valores.

  • Favorece su crecimiento y desarrollo personal.
  • Contribuye a su desarrollo moral, muy importante para la creación de un sistema moral adecuado.
  • Conlleva a la felicidad personal porque adquiere una capacidad crítica que le facilita la toma de decisiones en la vida.
  • Los valores le ayudarán a conseguir las metas y objetivos personales que se proponga.
  • Aprenden a valorar lo importante.
  •  
    Favorecemos una autoestima sana.

Pautas para educar en valores.

Educa en valores, no adoctrines: ayúdales a construir su escala de valores de forma autónoma y racional. Que sean ellos mismos los que acepten los valores por propia iniciativa y entiendan los mismos, al descubrirles sus consecuencias positivas.

Favorece la vivencia de los valores: no se aprenden los valores como los conceptos, se adquieren mediante la vivencia afectiva de los mismos.

Utiliza una perspectiva transversal: trata de hacer que la educación en valores esté presente en todo momento de su proceso educativo, independientemente del tema, edad, disciplina, educación familiar o escolar.

Enséñales a ser críticos: con la información que les llega de diferentes medios, en especial de los medios de comunicación. Hazles preguntas para que reflexionen.

Utiliza un ambiente de diálogo: como base del respeto y la igualdad.

Propicia la ayuda mutua: para fomentar el respeto, la colaboración y la responsabilidad.

Facilita la participación de todos: para fomentar la conciencia de igualdad.

Emplea normas transparentes y compartidas: para ayudarle a comprenderlas y asimilarlas.

Se ejemplo para ellos: les será más fácil adquirir esos valores mediante el ejemplo.

Celia Rodríguez Ruíz. Psicóloga y pedagoga.


martes, 26 de noviembre de 2013

EL BILINGÜISMO.


¿Qué es el bilingüismo?


Es la capacidad de una persona para utilizar indistintamente dos lenguas (la materna o nativa, y una segunda lengua o idioma).

Ahora bien, existen dos maneras de aprender ese segundo idioma: la adquisición, y el estudio.


La adquisición es aprender el idioma en situaciones comunes, que favorecen un desarrollo gradual de la capacidad de comunicarse en otra lengua. Por ejemplo, si el niño vive en el país donde se habla este idioma, va al colegio o guardería, se relaciona con gente que habla el nuevo idioma de manera regular, etc. En estos casos, la adquisición de ese idioma va a realizarse de manera natural y sin mucho esfuerzo por parte del niño.

La manera de aprender es muy parecida a la de la adquisición del idioma materno. Se basa en primero entender, pasando por el reconocimiento de palabras sueltas, a frases enteras, y luego a hablar.

Si el niño que tiene acceso al idioma 'extranjero' es muy pequeño y está todavía aprendiendo a perfeccionar el suyo, es seguro que la adaptación a ese nuevo idioma será más fácil. Aquellos cuya segunda lengua proviene de la experiencia diaria desarrollan una capacidad de comunicación superior a la de los que la obtienen por medio del estudio.

Por otro lado, el estudio, es un proceso consciente de acumulación de conocimientos, que requiere cierto esfuerzo y una dedicación especial.

Aprender una segunda lengua, sea como sea, es un ejercicio que implica a todo nuestro sistema cognitivo. Además de la lengua en sí, sus palabras y estructuras, se adquiere otra forma de pensar; en definitiva, se conoce otra forma de entender el mundo y aprender una nueva cultura. En el ámbito social, el bilingüismo será una ventaja a la hora de acceder al mercado laboral, ya que está cada vez más valorado.

La duda para muchos ahora es, ¿a qué edad se recomienda que se comience a aprender esa segunda lengua?
Como hemos dicho anteriormente, cuando antes, mejor.
Pero recordemos que los niños a los que no se les ha hablado desde el nacimiento en dos lenguas y no las han adquirido como propias, no son bilingües.
En ellos, no se produce una adquisición de una segunda lengua sino un aprendizaje, y aunque la inmersión lingüística es el método ideal para llegar a ser bilingüe, no es el caso de que pongamos dos horas de clase en inglés a la semana.