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domingo, 9 de agosto de 2015

Solucionar la agresividad en los niños y niñas.



AGRESIVIDAD EN LOS NIÑOS Y NIÑAS.

Es común que en ocasiones los niños y niñas respondan con enfados y conductas agresivas.
La agresividad es una respuesta normal a una emoción de ira y de frustración. Forma parte del bagaje emocional con el que nacemos las personas. En cierto sentido es una conducta adaptativa y necesaria, tanto la emoción como la conducta deben ser vividas por el niño y/o niña para su aprendizaje y desarrollo.
El problema surge cuando los pequeños convierten esta respuesta en un hábito. La agresividad en estos casos se generaliza y es utilizada por los niños y niñas como una herramienta de gran poder para conseguir lo que quieren. Comienza como una manera de hacer salir una emoción negativa de ira y de frustración y se generaliza aún sin existir estas emociones. A la larga esta respuesta se transforma en lo que la crea, es decir en una fuente de frustraciones y conflictos.
Es fundamental en primer lugar que los pequeños aprendan a manejar sus sentimientos negativos, que sepan auto controlarse y manejar la ira y la frustración. La emoción, como todas las emociones forma parte de la persona y no se puede evitar, pero lo que si podemos controlar es la respuesta en forma de conducta que damos a esa emoción.
En segundo lugar debemos prestar atención a que esta conducta no se generalice. Ocurre que cuando los pequeños se comportan de forma agresiva, aprenden en determinadas ocasiones un mensaje erróneo. Aprenden que es una forma muy efectiva de conseguir lo que quieren, y de esta forma generalizan las conductas agresivas y ya no solo las emplean cuando sienten ira. En estas ocasiones emplean la agresividad para someter a los demás a sus deseos y esto a la larga les crea más ira, frustración y conflictos.

¿CUANDO DEBEMOS ALARMARNOS ANTE LAS CONDUCTAS AGRESIVAS?

En primer lugar debemos saber que no debemos dejar pasar ninguna conducta agresiva de ningún tipo por parte de los más pequeños, pero es importante diferenciar entre dos tipos de conductas agresivas.
-Conducta agresiva como aprendizaje de respuestas. En un primer momento los niños y niñas experimentan distintas reacciones ante determinadas emociones. Este tipo de conducta forma parte de su desarrollo y puede responder a un enfado con una patada o un insulto. Es una forma de hacer salir su ira. Esta forma no es la adecuada y han de aprender a canalizar la ira hacia una respuesta más positiva que les haga avanzar y no hacía una respuesta negativa y violenta. Debemos actuar ya en estos primeros momentos, pero no debemos alarmarnos, ya que es una respuesta normal.
-Conducta agresiva intencionada para causar daño y malestar a los demás. Cuando la intención de la respuesta es provocar daño, y no le importa haberlo causado es cuando debemos preocuparnos. Este tipo de conducta es perjudicial para la propia persona que la ejecuta.

CAUSAS DE LAS CONDUCTAS AGRESIVAS.

  • Frustración e ira. La principal causa de estas conductas es la frustración y la ira, y como respuesta aparece la reacción agresiva.
  • Imitación. Los más pequeños ven lo que les rodea e imitan las conductas que observan en sus figuras más cercanas. Si los adultos más cercanos responden con gritos, cachetes, etc. los niños y niñas entenderán que esta es la respuesta normal ante determinadas situaciones.
  • Consecuencia de la conducta agresiva. Los pequeños aprenden también en función de las consecuencias de sus conductas, si ante una reacción agresiva el resultado es que obtienen lo que quieren, aprenderán eso mismo que es un modo muy efectivo para cumplir sus deseos.
  • Llamadas de atención. En determinadas ocasiones, los niños y niñas son agresivos para llamar la atención del adulto e incluso de otros niños y niñas. Aprenden que es una forma de que les hagan caso. “Te golpeo y me atiendes”.
  • Experimentación. Los pequeños aprenden por ensayo error, experimentan determinadas respuestas y comprueban cuales les salen bien y cuales mal. En ciertos casos están experimentando a ver qué pasa si….
  • Problemas personales. Hay que prestar atención a los posibles problemas del pequeño, puede que esté pasando por una etapa de malestar personal con importantes cargas de frustración y de ira. En estos casos debemos tratar el problema del niño o niña para erradicar la conducta.

PAUTAS PARA ELIMINAR ESTAS CONDUCTAS.

  • Enseña al niño y niña a canalizar la emoción de ira y/o frustración de forma positiva, de manera que le permita avanzar. Cuando los niños y niñas opten por la violencia, debemos enseñarles otros caminos. Puedes enseñarle a practicar algún deporte, ha hacer algo para entender y arreglar aquello que le ha enfadado.
  • No respondas con risa a los primeros atisbos de conductas agresivas, como un tirón de pelo una patada, etc. Es común que a los adultos nos hagan gracia estos primeros arrebatos de enfado de los pequeños, no debemos en ningún caso reírles estas conductas puesto que le mandamos un mensaje erróneo.
  • Responde con calma a las respuestas violentas, trata de apaciguar al pequeño. El objetivo es frenar la conducta agresiva, si respondemos con agresividad lo único que conseguimos es aumentar la ira y la frustración y además le damos un ejemplo contrario a lo que pretendemos conseguir. Debemos mantener la calma.
  • Practica la relajación. Es importante que enseñemos a los niños y niñas a relajarse, podemos practicar con ellos diferentes técnicas de relajación, enséñales a contar hasta diez, a respirar, etc.
  • Sé un modelo para ellos. Evita en todo momento conductas agresivas, ya sea con ellos o con otros adultos. Procura evitar los gritos en casa, los cachetes a los más pequeños, los comentarios despectivos, etc. Ya que los niños y niñas aprenden de lo que ven.
  • Se congruente con lo que le pides y lo que haces (no puedes gritarle para que deje de gritar). Si le pides que deje de gritar, mantén un tono relajado.
  • No prestes atención a las rabietas. Cuando el niño y la niña emplea las rabietas, no hagas caso. Si reclama tu atención de forma violenta, golpeándote, tirándote objetos, con gritos, no prestes atención tampoco.
  • Usa tono firme y desaprobatorio pero no grites, responde con calma y tranquilidad.
  • No le des lo que quiere cuando tenga una respuesta agresiva. Si el pequeño tira cosas porque se ha enfadado porque no estás jugando con él por ejemplo, no juegues con él. Explícale que cuando se calme jugareis juntos.
  • Habla con ellos. Pregúntale el porqué de esas conductas, averigua si le pasa algo. Y explícale que no es la manera adecuada de actuar.
  • Establece normas claras y concisas. Que no confundan al pequeño y que sepa cuáles son las consecuencias de sus conductas agresivas.
Celia Rodríguez Ruíz.

Entender las rabietas y pataletas.

 

Rabietas y pataletas: ¿que son y por qué hay niños que tienen tantas?

Rabietas y pataletas en los niños.

Son muchos los padres que tienen quejas comunes como por ejemplo: “Mi hijo no me hace caso” “mi hijo no se deja vestir” “No quiere irse a dormir” “Mi niño se enfurece cuando le decimos que no” “Mi hijo hace muchos pataletas” “Tiene rabietas constantemente” “Mi hijo no acepta límites” y así una gran cantidad más.
No obstante, y aunque resulte extraño, Los padres deben entender las Rabietas y pataletas, la rebeldía, la desobediencia y el negativismo como signos positivos y expresivos de una personalidad que se encuentra en formación.
Por lo general, esta etapa del desarrollo aparece más o menos hacia los 2 años, debe saber que si un niño de esta edad no da ninguna señal de barrera, es decir, que entrega sus juguetes con facilidad, no se ofende por nada, no hace ningún reproche ni se defiende cuando le quitan o le niegan algo; entonces hay razones suficientes para preocuparse.
¿Por qué? Si un niño no muestra signos de oposición es posible que tenga miedo a exponerse. Puede estar sintiendo que no debe expresar sus deseos, o bien, no sabe lo que desea o simplemente ya no desea.
rabietas y pataletas

¿Qué hacer ante las Rabietas y pataletas de los niños?

1. Ignorar: Ignorar al pequeño en el momento de las Rabietas y pataletas puede dar buenos resultados ya que el niño sabe que si no tiene público que le observe, su efecto es nulo. Entonces, por ejemplo, si le da una rabieta mientras se está en casa, el adulto debería salir de la habitación, pero antes debe decirle que esa actitud es inadecuada y que podrán volver a hablar cuando cambie de actitud. Si se está en un espacio público, se puede dar la espalda al pequeño para que se dé cuenta de que no consigue nada con la rabieta.
2. El poder de las palabras: Intentar hablar con un niño en el momento que está teniendo un berrinche es algo imposible, con seguridad no pondrá atención, pero una vez que esta situación sea superada, se debe hablar con el pequeño sobre lo que pasó y dejarle claro que todo puede ser solucionado hablando, sin necesidad de una pataleta. En caso de que en la próxima situación el niño opte por hablar en lugar de hacer un berrinche es muy importante felicitarlo por eso.
3. Es mejor prevenir: Si ya se sabe que ante una orden o negativa específica el niño reaccionara con un berrinche o una rabieta, se aconseja anticiparse e intentar razonar con ellos antes. Entonces, por ejemplo, si se va a entrar a un lugar donde venden juguetes, antes de hacerlo decirle que solo puede escoger uno y que si hace alguna rabieta saldrá de la tienda con las manos vacías.
4. Los padres deben tener claro que ante una rabieta, ambos deben reaccionar de la misma manera, ninguno de los dos debe ceder pues de esta manera se desautoriza al otro y la estrategia no funcionara.
5. Es importante mantener la calma y no enfadarse y gritar, de esa forma, solo se conseguirá que el niño vea que los padres emulan su actitud.

¿Por qué se producen?. rabietas en niños

Son simplemente una manera de liberar rabia y frustración a una edad en la que el niño todavía no es capaz de controlar bien sus propias emociones, y en la que se enfrenta a grandes cambios.
Hasta ahora, siendo un bebé, todos o casi todos sus deseos se satisfacían al momento. Pero esto cambia a medida que empieza a desplazarse por sí mismo y adquiere más autonomía. A lo largo del segundo año se va encontrando con algunas prohibiciones, algo que le frustra mucho, y más a una edad en la que quiere explorarlo todo.
Y a la frustración, que no le gusta en absoluto, se unen sentimientos típicos de esta época, como la obstinación, la impaciencia y la rigidez.
También le confunde el nuevo concepto de mamá: de ser una persona que le concedía casi todo, ha pasado a convertirse en alguien que le prohíbe cosas.
Pero hay más: pasado el primer año, tu hijo está descubriendo su ‘yo’; vive una sensación de poder al ser capaz de hacer cosas por sí solo... ¡y esto le encanta!
Un hito positivo
El niño reacciona ante cualquier sentimiento con el lenguaje corporal; cuando está feliz, da saltos de alegría o corre por el salón; cuando está frustrado, grita, muerde o pega. En realidad éste es un hito en su desarrollo: va expresando y conociendo cada vez más emociones y da a entender qué le gusta y qué no, al tiempo que empieza a comprender mejor la diferencia entre el “yo” y el “otro”.
Por eso tu hijo suele tener rabietas con vosotros, en casa, y pocas veces en la guardería o en el colegio. Es sobre todo en la relación con las personas que son importantes para él como va entendiendo el ‘yo’. Sólo dentro del vínculo seguro con sus papás se atreve a experimentar con sus sentimientos.
Por ello las rabietas y sus expresiones emocionales son prueba de que hay un apego positivo. Desde el punto de vista psicológico, indican que existe un desarrollo emocional sano.
Por otro lado, igual que hay llantos que delatan tristeza (cuando el niño se cae, cuando tiene miedo), hay otros que demuestran enfado. Los de la rabieta pertenecen a la última categoría. Pero uno no es más criticable que otro y ambos requieren una actitud similar: afecto y aceptación.
En definitiva, las rabietas tienen diversos aspectos positivos para el niño. En realidad, solamente son negativas cuando van acompañadas por actitudes destructivas o cuando los padres ceden ante ellas y el pequeño aprende que puede utilizarlas como un arma para conseguir lo que desee.
Para ayudarle ante las pataletas.
Para evitar que el niño utilice las pataletas para conseguir lo que desee y lograr que poco a poco vayan desapareciendo, puedes aplicar varias tácticas que contribuirán a prevenirlas y enseñarán a tu hijo a sentirse más seguro de sí mismo y a expresar mejor lo que siente:
  • Ofrécele oportunidades de ser autónomo y decidir por sí mismo. Un ambiente restrictivo aumenta las rabietas, mientras que otro flexible las disminuye. En algunos asuntos debes ser inamovible (“es hora de dormir”, “no puedes tomar caramelos antes de comer”), pero en otros es adecuado que le dejes a él decidir o elegir entre dos opciones (“¿quieres el jersey rojo o el azul?”). Un buen truco es ser creativa (“cariño, ahora no voy a darte ningún caramelo, pero podemos dejarlos para después del postre”).
  • Sustituye el “¡no!” por “¡para!”. Al niño le frustra escuchar constantemente mensajes de prohibición: van en contra de su afán de ser autónomo.
  • No pierdas los estribos delante de él. Tu hijo aprende de ti y si tienes arrebatos de rabia, difícilmente aprenderá a controlarse.
  • Evita, en la medida de lo posible, las situaciones que provoquen las rabietas, como llevarle de compras cuando tiene hambre, sueño o necesidad de moverse. Además, ten en cuenta que hay momentos en el día más propicios a que aparezcan, como la última hora de la tarde. El cambio de ciertas rutinas, adelantando la hora del baño, de la cena o del sueño, puede ayudar a disminuirlas. Por último, la sobreestimulación (llevar al niño de un sitio a otro, tener un día lleno de actividades) puede provocarle rabietas, ya que no es capaz de asimilar tal avalancha de impresiones.
  • No le critiques ni castigues después de una rabieta. Frases como “¡Qué malo eres!” le harán perder el respeto por sí mismo. Recuerda que son una descarga de emociones a una edad en la que tu hijo aún no dispone de otros medios para desahogarse, y que para él son también una experiencia dolorosa. Acaríciale o abrázale cuando esté calmado.



Tranquilos que pasarán.
La frecuencia de las rabietas varía de un niño a otro. Según estudios, un 20% de los pequeños de 2 a 3 años las tienen diariamente y un 80% una vez por semana. En la mayoría duran de 5 a 15 minutos; en algunos, de media a una hora. En ello influye el carácter, la educación y el entorno: situaciones de estrés, como el inicio de la guardería o del cole, pueden intensificarlas. También es posible que sólo se deban a una etapa normal en su desarrollo. Así, la adquisición de nuevas habilidades va precedida muchas veces de un periodo de ataques de rabia.
De cualquier modo, no te agobies. A medida que tu hijo madure, las rabietas irán disminuyendo, ya que cada vez estará mejor capacitado para expresar con palabras lo que quiere y para posponer sus deseos. A los 5 años la mayoría de los niños sólo tienen una en contadas ocasiones. Sólo si os condicionan el día a día y no os sentís con fuerzas para afrontarlas, os convendrá buscar ayuda profesional.

Las fases de una rabieta y qué opinamos sobre ellas

Hay señales que anuncian que se va a producir una rabieta: una respiración acelerada y ruidosa, balanceos, apretar puños y dientes...
rabietas en niños
El comienzo de su enfado.
Comienza el llanto, acompañado de una señal de protesta (No) y una expresión de enfado. Intervenir en este momento puede evitar que se produzca la rabieta. En un niño pequeño (entre 1 y 2 años) suele funcionar el truco de desviar la atención con otra cosa.
En el caso de un niño mayor lo recomendable es salir con él del lugar u ofrecerle ayuda si el detonante de la situación es una incapacidad suya (para vestirse, hacer una torre...).
El punto álgido del berriche.
Si no se ha logrado evitar, llega esta fase de la rabieta. Ahora lo mejor es no razonar con el niño. Deja que se desahogue, evitando que se haga daño (si se da cabezazos, pon un cojín en medio). Sólo debes actuar si la liberación de emociones va acompañada de un acto violento como tirar cosas, pegar... En este caso, retenle sujetándole por las muñecas o por el cinturón o abrazándole con tacto firme.
No cedas a sus deseos, ni siquiera si contiene la respiración y pierde unos segundos la consciencia (volverá en sí en pocos minutos).
El final de la pataleta.
Tras la rabieta, el niño suele calmarse por sí solo y se queda relajado gracias a la descarga fisiológica. Dile algo como “estabas muy enfadado ¿verdad?”. Actuando como si fueras el espejo de sus emociones le ayudarás a entenderse a sí mismo.

¿QUÉ OPINAMOS SOBRE LAS RABIETAS?


"Si se permite al niño tener pataletas, cada vez las tendrá con más frecuencia",
FALSO. Los niños no tienen más rabietas de lo necesario, salvo si aprenden que con ellas se salen con la suya.
"Estos berrinches suelen producirse por nimiedades, por cosas sin importancia".
VERDADERO. Muchas veces se dan por cosas insignificantes que sirven para sacar a flote penas acumuladas. La nimiedad es sólo el factor desencadenante.
"Las rabietas son señal de un niño mimado".
FALSO. Son una forma de liberar el estrés acumulado y no deben considerarse malas conductas.
"En realidad son una manipulación por parte del niño para salirse con la suya".
FALSO. Las rabietas son una expresión de frustración y revelan la incapacidad de controlar las emociones, por ello no hay que reprimirlas. Sólo en el caso de que los padres cedan se convertirán en una herramienta de manipulación por parte del niño.
"Los niños con mucho genio y enérgicos son más propensos a tener rabietas".
VERDADERO. Estos niños hacen todo con mayor vehemencia que otros pequeños que tienen un carácter más suave y plácido. Por este motivo, sus reacciones son más fuertes.
Coks Feenstra, psicóloga infantil y educa peques.