Rabietas y pataletas: ¿que son y por qué hay niños que tienen tantas?
Rabietas y pataletas en los niños.
Son muchos los padres
que tienen quejas comunes como por ejemplo: “Mi hijo no me hace
caso” “mi hijo no se deja vestir” “No quiere irse a dormir”
“Mi niño se enfurece cuando le decimos que no” “Mi hijo hace
muchos pataletas” “Tiene rabietas constantemente” “Mi hijo no
acepta límites” y así una gran cantidad más.
No obstante, y aunque
resulte extraño, Los padres deben entender las Rabietas y
pataletas, la rebeldía, la desobediencia y el negativismo como
signos positivos y expresivos de una personalidad que se encuentra en
formación.
Por lo general, esta
etapa del desarrollo aparece más o menos hacia los 2 años, debe
saber que si un niño de esta edad no da ninguna señal de barrera,
es decir, que entrega sus juguetes con facilidad, no se ofende por
nada, no hace ningún reproche ni se defiende cuando le quitan o le
niegan algo; entonces hay razones suficientes para preocuparse.
¿Por qué? Si un niño
no muestra signos de oposición es posible que tenga miedo a
exponerse. Puede estar sintiendo que no debe expresar sus deseos, o
bien, no sabe lo que desea o simplemente ya no desea.
¿Qué hacer ante las Rabietas y pataletas de los niños?
1. Ignorar:
Ignorar al pequeño en el momento de las Rabietas y
pataletas puede dar buenos resultados ya que el niño sabe que
si no tiene público que le observe, su efecto es nulo. Entonces, por
ejemplo, si le da una rabieta mientras se está en casa, el adulto
debería salir de la habitación, pero antes debe decirle que esa
actitud es inadecuada y que podrán volver a hablar cuando cambie de
actitud. Si se está en un espacio público, se puede dar la espalda
al pequeño para que se dé cuenta de que no consigue nada con la
rabieta.
2. El
poder de las palabras: Intentar hablar con un niño en el
momento que está teniendo un berrinche es algo imposible, con
seguridad no pondrá atención, pero una vez que esta situación sea
superada, se debe hablar con el pequeño sobre lo que pasó y dejarle
claro que todo puede ser solucionado hablando, sin necesidad de una
pataleta. En caso de que en la próxima situación el niño opte por
hablar en lugar de hacer un berrinche es muy importante felicitarlo
por eso.
3. Es
mejor prevenir: Si ya se sabe que ante una orden o negativa
específica el niño reaccionara con un berrinche o una rabieta, se
aconseja anticiparse e intentar razonar con ellos antes. Entonces,
por ejemplo, si se va a entrar a un lugar donde venden juguetes,
antes de hacerlo decirle que solo puede escoger uno y que si hace
alguna rabieta saldrá de la tienda con las manos vacías.
4.
Los padres deben tener claro que ante una rabieta,
ambos deben reaccionar de la misma manera,
ninguno de los dos debe ceder pues de esta manera se desautoriza al
otro y la estrategia no funcionara.
5.
Es importante mantener la calma y no enfadarse y
gritar, de esa forma, solo se conseguirá que el niño vea que
los padres emulan su actitud.
¿Por
qué se producen?.
Son simplemente una
manera de liberar rabia
y frustración a una edad en la que el niño
todavía no es capaz de controlar bien sus propias emociones, y en la
que se enfrenta a grandes cambios.
Hasta ahora, siendo un bebé, todos o
casi todos sus deseos se satisfacían al momento. Pero esto cambia a
medida que empieza a desplazarse por sí mismo y adquiere más
autonomía. A lo largo del segundo año se va encontrando con algunas
prohibiciones, algo que le frustra mucho, y más a una edad en la que
quiere explorarlo todo.
Y a la frustración, que no le gusta en
absoluto, se unen sentimientos típicos de esta época, como la
obstinación, la impaciencia y la rigidez.
También le confunde el nuevo concepto
de mamá: de ser una persona que le concedía casi todo, ha pasado a
convertirse en alguien que le prohíbe cosas.
Pero hay más: pasado el primer año, tu
hijo está descubriendo su ‘yo’; vive una sensación de
poder al ser capaz de hacer cosas por sí solo... ¡y esto
le encanta!
Un
hito positivo
El niño reacciona ante cualquier
sentimiento con el lenguaje corporal; cuando está feliz, da saltos
de alegría o corre por el salón; cuando está frustrado, grita,
muerde o pega. En realidad éste es un hito en su desarrollo: va
expresando y conociendo cada vez más emociones y da a entender qué
le gusta y qué no, al tiempo que empieza a comprender mejor la
diferencia entre el “yo” y el “otro”.
Por eso tu hijo suele tener rabietas con
vosotros, en casa, y pocas veces en la guardería o en el colegio. Es
sobre todo en la relación con las personas que son importantes para
él como va entendiendo el ‘yo’. Sólo dentro del vínculo seguro
con sus papás se atreve a experimentar con sus
sentimientos.
Por ello las rabietas y sus expresiones
emocionales son prueba de que hay un apego positivo.
Desde el punto de vista psicológico, indican que existe un
desarrollo emocional sano.
Por otro lado, igual que hay llantos que
delatan tristeza (cuando el niño se cae, cuando tiene miedo), hay
otros que demuestran enfado. Los de la rabieta pertenecen a la última
categoría. Pero uno no es más criticable que otro y ambos requieren
una actitud similar: afecto y aceptación.
En definitiva, las rabietas tienen
diversos aspectos positivos para el niño. En realidad, solamente son
negativas cuando van acompañadas por actitudes destructivas
o cuando los padres ceden ante ellas y el pequeño
aprende que puede utilizarlas como un arma para
conseguir lo que desee.
Para
ayudarle ante las pataletas.
Para evitar que el niño utilice las
pataletas para conseguir lo que desee y lograr que poco a poco vayan
desapareciendo, puedes aplicar varias tácticas que contribuirán a
prevenirlas y enseñarán a tu hijo a sentirse más seguro de sí
mismo y a expresar mejor lo que siente:
- Ofrécele oportunidades de ser autónomo y decidir por sí mismo. Un ambiente restrictivo aumenta las rabietas, mientras que otro flexible las disminuye. En algunos asuntos debes ser inamovible (“es hora de dormir”, “no puedes tomar caramelos antes de comer”), pero en otros es adecuado que le dejes a él decidir o elegir entre dos opciones (“¿quieres el jersey rojo o el azul?”). Un buen truco es ser creativa (“cariño, ahora no voy a darte ningún caramelo, pero podemos dejarlos para después del postre”).
- Sustituye el “¡no!” por “¡para!”. Al niño le frustra escuchar constantemente mensajes de prohibición: van en contra de su afán de ser autónomo.
- No pierdas los estribos delante de él. Tu hijo aprende de ti y si tienes arrebatos de rabia, difícilmente aprenderá a controlarse.
- Evita, en la medida de lo posible, las situaciones que provoquen las rabietas, como llevarle de compras cuando tiene hambre, sueño o necesidad de moverse. Además, ten en cuenta que hay momentos en el día más propicios a que aparezcan, como la última hora de la tarde. El cambio de ciertas rutinas, adelantando la hora del baño, de la cena o del sueño, puede ayudar a disminuirlas. Por último, la sobreestimulación (llevar al niño de un sitio a otro, tener un día lleno de actividades) puede provocarle rabietas, ya que no es capaz de asimilar tal avalancha de impresiones.
- No le critiques ni castigues después de una rabieta. Frases como “¡Qué malo eres!” le harán perder el respeto por sí mismo. Recuerda que son una descarga de emociones a una edad en la que tu hijo aún no dispone de otros medios para desahogarse, y que para él son también una experiencia dolorosa. Acaríciale o abrázale cuando esté calmado.
Tranquilos
que pasarán.
La frecuencia de las rabietas varía de
un niño a otro. Según estudios, un 20% de los pequeños de 2 a 3
años las tienen diariamente y un 80% una vez por semana. En la
mayoría duran de 5 a 15 minutos; en algunos, de media a una hora. En
ello influye el carácter, la educación y el entorno: situaciones
de estrés, como el inicio de la guardería o del cole,
pueden intensificarlas. También es posible que sólo se deban a una
etapa normal en su desarrollo. Así, la adquisición de nuevas
habilidades va precedida muchas veces de un periodo de ataques
de rabia.
De cualquier modo,
no te agobies. A medida que tu hijo madure, las rabietas irán
disminuyendo, ya que cada vez estará mejor capacitado para expresar
con palabras lo que quiere y para posponer sus deseos. A los 5 años
la mayoría de los niños sólo tienen una en contadas ocasiones.
Sólo si os condicionan el día a día y no os sentís con fuerzas
para afrontarlas, os convendrá buscar ayuda
profesional.
Las fases de una rabieta y qué opinamos sobre ellas
Hay señales que
anuncian que se va a producir una rabieta: una respiración acelerada
y ruidosa, balanceos, apretar puños y dientes...
El comienzo de su
enfado.
Comienza el llanto, acompañado de una
señal de protesta (No) y una expresión de enfado. Intervenir en
este momento puede evitar que se produzca la rabieta. En un niño
pequeño (entre 1 y 2 años) suele funcionar el truco de desviar la
atención con otra cosa.
En el caso de un niño mayor lo
recomendable es salir con él del lugar u ofrecerle ayuda si el
detonante de la situación es una incapacidad suya (para vestirse,
hacer una torre...).
El punto álgido del berriche.
Si no se ha logrado evitar, llega esta
fase de la rabieta. Ahora lo mejor es no razonar con el niño. Deja
que se desahogue, evitando que se haga daño (si se da cabezazos, pon
un cojín en medio). Sólo debes actuar si la liberación de
emociones va acompañada de un acto violento como tirar cosas,
pegar... En este caso, retenle sujetándole por las muñecas o por el
cinturón o abrazándole con tacto firme.
No cedas a sus deseos, ni siquiera si contiene la respiración y pierde unos segundos la consciencia (volverá en sí en pocos minutos).
No cedas a sus deseos, ni siquiera si contiene la respiración y pierde unos segundos la consciencia (volverá en sí en pocos minutos).
El final de la pataleta.
Tras la rabieta, el niño suele calmarse
por sí solo y se queda relajado gracias a la descarga fisiológica.
Dile algo como “estabas muy enfadado ¿verdad?”. Actuando como si
fueras el espejo de sus emociones le ayudarás a entenderse a sí
mismo.
¿QUÉ
OPINAMOS SOBRE LAS RABIETAS?
"Si se permite al niño
tener pataletas, cada vez las tendrá con más frecuencia",
FALSO. Los niños no tienen más rabietas de lo necesario, salvo si aprenden que con ellas se salen con la suya.
FALSO. Los niños no tienen más rabietas de lo necesario, salvo si aprenden que con ellas se salen con la suya.
"Estos berrinches suelen
producirse por nimiedades, por cosas sin importancia".
VERDADERO. Muchas veces se dan por cosas insignificantes que sirven para sacar a flote penas acumuladas. La nimiedad es sólo el factor desencadenante.
VERDADERO. Muchas veces se dan por cosas insignificantes que sirven para sacar a flote penas acumuladas. La nimiedad es sólo el factor desencadenante.
"Las rabietas son señal de
un niño mimado".
FALSO. Son una forma de liberar el estrés acumulado y no deben considerarse malas conductas.
FALSO. Son una forma de liberar el estrés acumulado y no deben considerarse malas conductas.
"En realidad son una
manipulación por parte del niño para salirse con la suya".
FALSO. Las rabietas son una expresión de frustración y revelan la incapacidad de controlar las emociones, por ello no hay que reprimirlas. Sólo en el caso de que los padres cedan se convertirán en una herramienta de manipulación por parte del niño.
FALSO. Las rabietas son una expresión de frustración y revelan la incapacidad de controlar las emociones, por ello no hay que reprimirlas. Sólo en el caso de que los padres cedan se convertirán en una herramienta de manipulación por parte del niño.
"Los niños con mucho genio
y enérgicos son más propensos a tener rabietas".
VERDADERO. Estos niños hacen todo con mayor vehemencia que otros pequeños que tienen un carácter más suave y plácido. Por este motivo, sus reacciones son más fuertes.
VERDADERO. Estos niños hacen todo con mayor vehemencia que otros pequeños que tienen un carácter más suave y plácido. Por este motivo, sus reacciones son más fuertes.
Coks
Feenstra, psicóloga infantil y
educa peques.
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